Soy Vale. Creo que ese es mi primer recuerdo. Mi nombre completo lo descubrí después. Cuando mi mamá o mi papá se enojaban y me llamaban “Valeria”

 

Después fui (y soy): Valita, Valerina, Valela, Valerita, Val, Valery, Valela, Valerosa, Valen y hasta llegué a ser Male.

 

Me gusta que se desprendan diferentes versiones de mi nombre, como una enredadera.

 

En esa enredadera está la niña que encontró en las palabras un tesoro. Un tesoro que incluso me abrigaba cuando sentía frío.

 

Más tarde, llegaron otros tesoros: descubrí que viajar con una mochila y montón de miedos y ganas, es un refugio donde me voy cuando me duele el corazón o cuando necesito recordar que la vida está hecha de intensidad.

 

Así también llegó la astrología. No recuerdo exactamente el “cuándo” pero sí el “por qué”:

 

¿por qué las personas sentimos tan diferentes?, ¿ por qué algunas adoran caminar por las montañas y otras necesitan el ruido de la ciudad como el aire?

 

¿Quién soy hoy entonces?

 

Soy astróloga: porque me conmueven la naturaleza y las personas. 

 

Soy escritora: porque aprendí que una puede vivir todas las vidas que inventa. 

 

Soy una hormiguita viajera: porque me gusta descubrir calles, texturas, personas y paisajes que imagino cada vez que cierro los ojos.